jueves, 26 de septiembre de 2013

El aborto clandestino también es violencia de género


Día Latinoamericano por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito.

*Por María Florencia Actis- Laboratorio de Comunicación y Género (FPyCS)


Cuando las mujeres reclamamos cumplimiento de nuestros derechos a una vida digna, no sólo aludimos a relaciones de pareja sin malos tratos, físicos y verbales, lo que comúnmente se nomina violencia de género. La dignidad también está dada por la libertad de expresión y agenciamiento de nuestros proyectos, basados en el deseo y no en el mandato. El derecho al aborto libre, seguro y gratuito, constituye un punto nodal desde el cual repensar la condición de sujeto de las mujeres, ya que la maternidad ha sido el punto nodal de sujeción social y sexual.
El 28 de septiembre es el Día Latinoamericano por el Aborto Libre, Seguro y Gratuito, y una vez más, activistas de todos los países del continente salen a la calle a recordar el carácter fáctico del aborto, y en consecuencia, la necesidad de visibilizarlo y legalizarlo para evitar muertes de mujeres, centralmente de sectores de bajos recursos.  Se estima alrededor de 3.000 muertes  por abortos clandestinos desde el retorno de la democracia en Argentina, y una cifra que oscila las 460 mil y 600 mil de mujeres que recurren cada año esta práctica, sólo en condiciones de insalubridad y desprotección.
Dejando de lado los debates filosóficos y las falsas dicotomías que, influyentes sectores religiosos orientan interesadamente la problemática social del aborto hacia la pregunta existencial del comienzo de la vida,  las estadísticas patentizan que se trata de una realidad empírica, y que en situaciones de inseguridad pone en riesgo la vida miles de mujeres.
Cabe destacar que de acuerdo al testimonio de mujeres con experiencia en abortos quirúrgicos, y también de médicxs que se han animado a despejar tabúes y asumir una posición favorable a la legalización del aborto (contraria a la mirada hegemóncia de la comunidad médica), interrumpir el embarazo es una operación simple, sin margen de peligrosidad sobre la vida de la madre, en tanto y en cuanto se lleve a cabo en un hospital, con el equipamiento y la atención profesional requerida por cualquier procedimiento quirúrgico. Ya lo advirtió Simone de Beauvoir en el año 1949, cuando escribió el emblemático libro El Segundo Sexo. “Se pretende que es una intervención peligrosa, pero los médicos honestos reconocen que el aborto practicado por la mano de un verdadero médico, en una clínica y con las medidas preventivas necesarias, no comporta los graves riesgos que cuya existencia afirma el Código Penal. Por el contrario, bajo su forma actual es como hace correr grandes riesgos a la salud de la mujer”.
Lo que es indiscutible es el grado de controversia que encierra este tema, y la producción que habilita de un enorme caudal de mitos y preguntas, cuando la experiencia de abortos en mujeres de sectores medios y altos, demuestra que la ficción supera la realidad. Las distintas voces opositoras que vertebran su discurso con el argumento en defensa de la vida del niñx por nacer, suelen ser los mismos actorxs cuestionadorxs de medidas de asistencia pública orientadas a mejorar la calidad de vida de la niñez, como la Asignación Universal por hijx, y criminalizan a lxs niñxs y jóvenes que por falta de oportunidades, inciden en  prácticas delictivas. Por su parte, lxs médicxs que dicen defender la vida, coincidentemente, suelen defender un provechoso negocio, que reditúa por aborto entre dos mil y cinco mil pesos.
El tema está instalado en el debate público y es prioritario en las agendas de las organizaciones feministas, nacionales e internacionales, pero no todavía de los distintos gobiernos latinoamericanos. Esperemos que prontamente, deje de ser una lucha border de exclusividad feminista, y logre interpelar a todas las instituciones sociales, ‘privadas’ y públicas.



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