Mostrando entradas con la etiqueta abuso sexual. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta abuso sexual. Mostrar todas las entradas

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Los responsables colaterales del femicidio en La Pampa


*Por María Florencia Actis, Observatorio de Medios con Perspectiva de Género (FPyCS, UNLP)

           La noche del lunes 5 de noviembre, hallaron el cuerpo de Sofía Viale, la nena de 12 años que estaba desaparecida desde la tarde del 31 de agosto. Lo encontraron enterrado en la casa de un hombre de 32 años, vecino de la familia Viale, en el barrio Indios Ranqueles de la ciudad de General Pico, provincia de La Pampa. 
          El principal sospechoso por el femicidio de Sofía, ya contaba con antecedentes penales por abusos sexuales. Había recibido una condena en octubre del año pasado por un caso concebido como “abuso simple, privación ilegítima de la libertad y uso de armas”, no obstante se encontraba bajo “libertad asistida”. El cuerpo de la niña fue develado cuando otra de 14 años, el pasado lunes, denunció que el abusador la había amenazado con un cuchillo y obligado a entrar a su vivienda.
          Los vecinos y vecinas se movilizaron hasta su domicilio e hicieron su descarga no sólo repudiando la conducta del hombre, que ya había escapado y fue encontrado alrededor de las 21 horas en América, provincia de Buenos Aires, sino también rechazando la inoperancia policial, judicial y política.
          Incluso, de acuerdo a los propios voceros policiales, el acusado no sólo nunca fue sospechoso en el expediente, sino que colaboró fervientemente en intentar “esclarecer” lo sucedido con Sofía los primeros días luego de su desaparición
          Actualmente, de acuerdo a las estadísticas que arroja UNICEF, al menos 550.000 niños, niñas, adolescentes y jóvenes son víctimas de las redes de trata en América Latina y el Caribe; y en nuestro país, el 77% fueron mujeres, según los registros de la UFASE[1] entre el agosto de 2008 y marzo de 2012. Los abusos sexuales  seguidos de femicidio son noticias “normales” de encontrar en las páginas de policiales, pero la realidad de cientos de niñas, niños y mujeres abusadas cotidianamente en sus barrios, en sus trabajos, incluso en el seno de sus familias, no entran en los cómputos oficiales. El Observatorio de Femicidios en Argentina “Adriana Marisel Zambrano”, de la ONG Casa del Encuentro, da cuenta de un femicidio cada 30 horas en los primeros diez meses del año, y de acuerdo a recientes números proporcionados por el Ministerio de Salud provincial, el 76 % de los casos de violencia familiar y sexual tiene como víctimas a mujeres de entre 15 y 34 años.
Las bases de datos citadas, tienen como finalidad reflejar el impacto social de esta problemática para incidir en el plano de las políticas públicas y que las concepciones y procedimientos institucionales estén a la altura de las circunstancias. Ante la desaparición de una niña, que la primera y por varios días única hipótesis, siga siendo “la fuga voluntaria de hogar, aparentemente inducida por un mayor”, retarda y desvía la atención de las pesquisas en las horas clave, además de ser una muestra de negación de la realidad y la insistencia en responsabilizar parcialmente de su destino a la mujer damnificada. 


[1] Unidad Fiscal de Asistencia en Secuestros Extorsivos y Trata de Personas 

lunes, 29 de octubre de 2012

Caso Villegas: otro fallo que reproduce la violencia de género



*Por Ma. Belén Rosales
 En el día de ayer, la Justicia de Trenque Lauquen condenó a tan sólo cuatro años y diez meses de prisión a los responsables materiales de un abuso sexual ejercido contra una adolescente de 14 años en 2009, además de dar lugar al pedido de la defensa de dejar en libertad a los condenados hasta obtener su sentencia firme.

La carátula que tipificó el tribunal integrado por la jueza Gabriela Martínez y los jueces  Pedro Gutiérrez y Horacio Centeno para el efectuar el procesamiento fue, "abuso sexual con aprovechamiento de inmadurez sexual de la víctima en concurso ideal con corrupción de menores". La interpretación que subyace esta figura legal desconoce y exculpa a los abusadores del delito de difusión de pornografía infantil. Fabio Arcomano, fiscal de Trenque Lauquen, había solicitado las penas de 11 y 12 años bajo los cargos de "abuso sexual, corrupción de menores y producción y difusión de material pornográfico", concepción del hecho acaecido que prevaleció judicialmente desde el momento de las detenciones.

Es reprensible el grado de detalle en que se describe el episodio en la sentencia, en donde se  expusieron pormenores de la vida sexual de la menor, incurriendo en el mito de que una mujer entendida socialmente como “fácil”, provoca cualquier tipo de agresión sexual ejercida en su contra. En concordancia con esta línea argumentativa, el fallo explica que “no hubo forzamiento ni amenazas” en la concreción del suceso.

Desde el Observatorio de Comunicación y Género, esta decisión judicial nos instó a volver sobre las crónicas que narraban el hecho en el momento y el lugar preciso, en un ejercicio de revisionismo y análisis que nos impulsa en nuestro quehacer cotidiano. En el diario “Página/12” del Domingo 30 de mayo de 2010, en la Sección Sociedad una nota titulada “Paisaje después de la tormenta”, volvía sobre el caso. Se hace hincapié en la repercusión que quedó en el pueblo luego de las marchas a favor de los acusados del crimen. El periodista que fue enviado relata los diversos comentarios efectuados por las personas del lugar. Se toma el caso desde el hecho cotidiano,  entrevista a unos remiseros, a dueños de locales, vecinos y en última instancia a la madre de la chica. También toma la declaración del intendente del lugar que desmiente ciertos dichos, éste remarca por sobre todo “la difamación de ciertos medios de prensa vertida sobre los acusados”. La crónica en general, deja la idea de que en esa ciudad están todos avergonzados, no por lo que ocurrió sino por la imagen pública de la comunidad en los medios de comunicación, es decir, el honor de sus muchachos.

Llama la atención en unos de los párrafos de la crónica la plena referencia a lo que piensa el pueblo con respecto al hecho: “En un comunicado, al que durante más de diez días siguieron adhiriendo instituciones locales y que se titula ‘Villegas en unidad’, las cámaras empresarias, la Sociedad Rural local, el Rotary Club, iglesias de diferentes credos y hasta las principales
organizaciones sindicales calificaron a lo ocurrido (nunca se utiliza la expresión abuso sexual) como

un hecho ‘totalmente repudiable’. Como antídoto plantearon que estos problemas tienen solución o directamente se evitan ‘en el seno de la familia’. Hay una crítica a los medios de prensa nacionales porque, dicen, ‘nos afecta cualquier opinión que generalice hechos repudiables como (si fueran) comunes’”. El periodista recoge diversas opiniones, todas diferentes, de niños, jóvenes y gente adulta, en su gran mayoría se puede ver en los relatos que la gente siente vergüenza, indignación y hay muchas opiniones que vuelven a caer en el “ella se lo busco”. Una señora que cita el periodista decía: “Cuando yo tenía 14 años no me pasaban estas cosas. ¿Y sabe por qué? Porque a mí me criaron como a una nena. No andaba pasando de mano en mano”.
La atención por esos días volvía  una y otra vez sobre la relevancia dada por los medios a las marchas públicas de vecinos, inspirados por los familiares de los perpetradores, que se organizó en defensa de estos denominados muchachos que “no habían hecho nada malo” porque la “chica”, o sea la víctima, “estaba habituada a estas situaciones”.

La reproducción mediática de estos posicionamientos clarifican un imaginario colectivo compartido por la comunidad de Villegas que se hacía eco en las páginas de los diarios: por un lado, la tentativa se dirige a exculpar a los muchachos de buena familia porque, en todo caso, a esa chica le pasó lo que le pasó porque “en algo andaría”, o mejor “en algo andaba”. Por otra parte, lo repudiable radicó en la trascendencia y el estado público que adquirió el hecho, motivo de vergüenza por estar sometidos al debate moral sobre la buena reputación de algunos de sus habitantes, los que detentan el poder (y el abuso del mismo).

La jurista norteameriacna Catharine A. MacKinnon, en su libro “Hacia una teoría feminista del Estado” afirma categóricamente que el Estado es masculino en el sentido feminista y va más allá. Según la autora, "la ley ve y trata a las mujeres como los hombres ven y tratan a las mujeres. El Estado liberal constituye con coacción y autoridad el orden social a favor de los hombres como género, legitimando normas, formas, la relación con la sociedad y sus políticas básicas. Las normas formales del Estado recapitulan el punto de vista masculino en el nivel de designio".


Para la autora la ley de la igualdad entre los sexos se mantiene lo más lejos posible de los asuntos de la sexualidad. La violación, la pornografia, la prostitución, el incesto, la violencia, el aborto, los derechos de los homosexuales y las lesbianas: ninguno de estos temas ha sido una cuestión de igualdad de los sexos ante la ley. En los temas que sí trata la ley de discriminación sexual, el hombre es la referencia implícita para lo humano, la masculinidad la medida del derecho a la igualdad. En esta interpretación general, esta ley es neutral: da a las mujeres poco que no pueda dar también a los hombres, manteniendo la desigualdad entre los sexos pareciendo que la resuelve.

Para las mujeres, lo privado es la esfera clara de la violación y el abuso íntimos, ni libre ni especialmente personal. El ámbito de libertad privada de los hombres es el ámbito de subordinación colectiva de las mujeres. La ley sobre la violación supone que el consentimiento al sexo es tan real para las mujeres como lo es para los hombres. La ley sobre la intimidad supone que las mujeres en la intimidad tienen la misma intimidad que los hombres. La ley sobre la obscenidad supone que las mujeres tienen el mismo acceso a la expresión que los hombres.

“La ley sobre la violación toma la respuesta usual de la mujer a la coacción —la aquiescencia, respuesta desespera da de los impotentes ante la desigualdad de una situación— y lo llama consentimiento. Los hombres coaccionan a las mujeres; las mujeres «consienten». La ley de la intimidad trata la esfera privada como esfera de la libertad personal. Para los hombres lo es”.

Volviendo al caso que nos impulsa a escribir esta columna, vale la pena insistir con la teoría aportada por esta jurista norteamericana en el componente erótico- pornográfico de la escena protagonizada por los tres adultos acusados y la niña ultrajada en General Villegas. La imagen de la sumisión, el abuso y el poder ejercido por este grupo de hombres contra esta chica fue captada y reproducida una y otra vez mediante el uso de la tecnología, como fetiche, como símbolo del placer que provoca el ejercicio perverso de ese poder y de su impunidad. A MacKinnon le han tiroteado por la calle, amenazado y entorpecido durante 12 años su acceso a la Universidad de Michigan como profesora de Derecho. Y todo, por combatir públicamente la pornografía, un negocio que sólo en Estados Unidos. MacKinnon insiste contundente: 'La pornografía es el fascismo diario de las democracias".

Tras dos décadas de trabajo, uno de los triunfos de MacKinonn ha sido conseguir que su definición de la pornografía en 1976 sea la que utiliza oficialmente la justicia norteamericana: "Pornografía es una subordinación gráfica sexual explícita de la mujer a través de fotos o palabras incluyendo uno o más de los puntos siguientes: a) las mujeres son presentadas deshumanizadas como objetos sexuales, cosas o instrumentos; b) las mujeres son presentadas como objetos sexuales que disfrutan de la humillación o del dolor; e) las mujeres son presentadas como objetos sexuales que experimentan placer sexual en la violación, el incesto y otras agresiones sexuales... ".

Como comunicadores y comunicadoras críticos no podemos ignorar la importancia de la imagen -como símbolo muchas veces deseable- en nuestra cultura, y más aún, el impacto de éstas en un imaginario construido en base a estos íconos que circulan libremente sin un marco que las cuestione o las ponga en crisis, nos referimos a las imágenes donde se pondera la objetualización de un cuerpo femenino u otras donde se escenifica lisa y llanamente su sometimiento y, por último, la materialización de estas construcciones imaginarias erotizantes en prácticas y actos concretos socialmente legitimados, pensemos en el festín que se hace la prensa amarillista cada vez que un reconocido periodista, empresario y/o funcionario sexagenario es descubierto por los paparazzi en una situación que denota una relación sexo-afectiva con una lolita veinteañera. 

Acordamos con Mc Kinnon en la idea que la pornografía se constituye en una práctica de desigualdad y discriminación que genera violencia, porque hay que saber que, cuando los hombres ven pornografía, después repiten lo que han visto en sus ámbitos privados, la casa, la oficina y la escuela. Habría que preguntarse entonces ¿cuántas de las imágenes que vemos en la televisión a diario, incluso en canales de aire y en la franja horaria apta para todo público, remiten a escenas pornográficas o que ubican a la mujer en un lugar de “objeto de deseo”?¿En qué modelo hegemónico de masculinidad están pensando los productores como destinatarios a la hora de hacer contenidos televisados? Por último, y junto al análisis del Estado y la ley hechas a imagen y semejanza de los varones patriarcales blancos, occidentales, heterosexuales y bien situados social y económicamente  ¿qué prácticas están contribuyendo a legitimar?





BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:
MACKINNON, Catharine. Hacia Una teoría feminista del Estado. Ediciones Cátedra, Universitat de Valencia, Instituto de la Mujer. Madrid. Traducción de MARTÍN, Eugenia. 1995. Pág 297 y ss.