sábado, 8 de septiembre de 2012

La salud de las mujeres se extendió al Congreso de las Madres



Mesa de debate sobre Género, Salud y Derechos Humanos


En el marco del XI Congreso Internacional de Salud Mental y Derechos Humanos, que lleva como consigna “El Silencio no es Salud”, se llevó a cabo, en una de las carpas desplegadas sobre las inmediaciones de la Plaza San Martín, la mesa Debates y Perspectivas sobre la articulación Género, Salud y Derechos Humanos. La actividad estuvo a cargo del Observatorio de Medios con perspectiva de Género, perteneciente al Laboratorio de Comunicación y Género de la Facultad de Periodismo de la UNLP.
El espacio fue moderado por Flavia Delmas, integrante de la Red De Monitoreo de Políticas Públicas para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, y contó con la participación de Néstor Artimaño, docente de la Facultad de Trabajo Social y especialista en la temática de género; Estela Díaz, de la Secretaría Nacional de Género de CTA y fundadora de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Libre, Seguro y Gratuito; y Nilda Galina, psicóloga, médica y docente.
Las disertaciones abordaron distintas dimensiones, inquietudes y nudos problemáticos vinculados a la cuestión de género, a partir de las respectivas experiencias y campos de implicancia de los/as invitados/as. Nilda Galina abrió la discusión definiendo al género como “un hecho del lenguaje que ha exportado la sexología al terreno de las Ciencias Sociales”.
Historizó el origen y desenvolvimiento de la familia nuclear patriarcal y la canonización de roles sexuales. En este sentido, puso en diálogo las categorías de género y poder en la llamada “industria del cuerpo femenino”,  desandando los modos en que el mercado y la sociedad de consumo actual, reproducen imágenes estereotipadas y estereotipantes que fijan modos de subjetivación de “lo masculino” y “lo femenino”. 
Estela Díaz resaltó la importancia de la acción colectiva de los movimientos sociales en la conformación de una sociedad tendiente a la equiparación y concreción de derechos, y en particular la del movimiento de mujeres.
Mencionó la sanción de la Ley de Salud Sexual y Reproductiva en el año 2003, sin embargo dejó en evidencia la falta de un Programa que establezca sus líneas de ejecución. Resumió mediante el atravesamiento exponencial entre los conceptos cuerpo/poder/política, de qué manera la capacidad de gestación de las mujeres se ha convertido en un instrumento de la dominación masculina: “La mujer puede dar vida o puede dar muerte; otorgarle ése poder de decisión es subversivo ya que altera el orden de las relaciones sociales existentes”.
Por su parte, Néstor Artiñano introdujo la necesidad de desmantelar el paradigma de “La Masculinidad”, y con ella, los mandatos que pesan sobre la población masculina dentro del sistema patriarcal. Diagnosticó un resquebrajamiento y un movimiento de pluralización y democratización hacia la concepción de “las masculinidades”. A través de estadísticas, reflejó las distintas presiones sociales y situaciones de riesgo a las que se ven expuestos los varones con el fin de reivindicar su condición ante otros varones: “al final, hay que revisar el término de sexo débil asociado a la mujer”, enfatizó.
En conclusión, se acordó dar disputa en el espacio de las políticas públicas para el cumplimiento de un estado pleno de derechos y soberanía para las mujeres, y de que ésta no sea una lucha encarnada exclusivamente por ellas. 

jueves, 30 de agosto de 2012

Se multiplican los femicidios, se repiten las historias


*Por María Florencia Actis, Observatorio de Comunicación y Género (FPycS)

                El acontecimiento de Benavídez tipifica un aspecto sobresaliente respecto a otros casos “ordinarios” de femicidios publicados a diario en las crónicas policiales, que reside en el factor numérico del triple asesinato. Sin embargo no habría motivo para jerarquizar, calificar o separar, los crímenes de género. Más allá de las historias de vida teñidas por las condiciones socio-económicas, el entramado familiar, el lugar geográfico donde transcurren o la especificidad del  escenario donde se desatan los hechos como el modus operandi, el móvil siempre es misógino y a éste subyace un “derecho” de control, abuso y mutilación sobre el cuerpo femenino, sedimentado por siglos en el inconsciente colectivo, mediante estrategias de consenso. 
                Puntualmente, en el último mes, pueden trazarse claras continuidades entre los casos de notoriedad que gozaron de permanencia mediática: el de la joven que terminó internada luego de sufrir cuatro horas de tortura por parte de su ex, el video filmado en Bahía Blanca que muestra cómo una mujer fue agredida, delante de su hija, en manos de su reciente ex pareja y padre de la testigo, y el mencionado en Benavídez, cúlmine con el asesinato de tres mujeres. Denominadores comunes: una vez finalizadas las relaciones, los hombres hostigan a las mujeres por medio del acoso y la cosificación, considerándolas parte de su patrimonio; las llamadas relaciones “de pareja” o “sentimentales”, mientras duraron, poco tuvieron de amor e igualdad ya que todas registran antecedentes de violencia de género, en dos de los casos, con denuncias efectuadas.
                   En cuanto a los medios, no es nuevo que constituyen, y más aun hoy con las posibilidades de acceso masivo que ofrecen las nuevas tecnologías e Internet, un campo fértil de formación de opiniones, además de un sugerente portavoz de ciertas cosmovisiones. Algunos, en el mejor de los casos, buscan absorber discusiones coyunturales que reflejan progresos en los modos de enunciación y profundizar este viraje (no meramente) lingüístico, como el uso normalizado del término violencia de género, sería de avanzada si la aspiración es restituir el ordenamiento patriarcal y, desde sus albores, los principales medios han soplado a favor del statu quo. Otros, insisten en matizar con morbo la construcción de la noticia e incluyen detalles accesorios entre los elementos de titulación (“Tres mujeres fueron asesinadas a cuchillazos”) o el uso de adjetivos como “trágico episodio” o “ropa ensangrentada” y remates novelescos que exaltan componentes de vehemencia: “Creen que se trató de una venganza ya que al sospechoso, lo había dejado su pareja”. Otro ejemplo de igual envergadura, “la probable secuencia homicida (…)la primera de las víctimas fue la abuela de 76 años, asesinada a puñaladas, después siguió el turno de la menor de las víctimas, de 6 años, quien fue estrangulada con un cable”.
                 Se impone la consigna de politizar y hermanar  las realidades materiales y subjetivas que cruzan las biografías de cada femicidio, reconstruidas por la prensa en el seno de la esfera privada, en una imprecisa cobertura donde se instala en titulares la noción de violencia de género, sin haber lapidado la tonalidad de pasión y reacción violenta en el cuerpo de la nota. Por ello, se insiste en el reconocimiento político, legal y cultural de la categoría de feminicidio, la cual confiere unidad de sentido a los asesinatos de mujeres  y considera los distintos terrorismos perpetrados contra ellas, que comprende desde una golpiza hasta los mandatos de maternidad o heterosexualidad (Serie Antropológica, “Qué es un feminicidio: Notas para un debate emergente”, Rita Laura Segato”).
                 



jueves, 16 de agosto de 2012

Silencio institucional




*Por María Florencia Actis, Observatorio de Comunicación y Género (FPyCS)

La violencia de género es definida, de acuerdo a lo dispuesto en la ley 26.485, de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, como toda conducta, acción u omisión, que de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial. Es decir, la promulgación de dicho marco legal sumerge dentro de los límites de la llamada violencia de género, formas institucionales de negar o dejar pasar situaciones de violencia, que en muchos casos culminan con la muerte de la mujer.
El reciente caso trascendente en los medios, fue el de Natalia Riquelme, brutalmente golpeada por su ex pareja, delante de su hija de cinco años. La mujer había dejado sentadas diecisiete denuncias ante la Justicia y ha pedido ayuda sistemática desde hace dos años ante la Comisaría de la Mujer y el Tribunal de Familia, incluso por una situación de abuso sexual del hombre contra Milagros, la nena que tenían en común, pero ninguna de las dos entidades brindó respuestas.
En cuanto a la cobertura mediática del caso en Diario Clarín (“Filmó a ex pareja mientras la golpeaba delante de su hija”), las fuentes utilizadas para reconstruir la escena puntual de violencia fueron el contenido del video registrado por un/a allegado/a a la mujer, testimonios de la víctima referidos a una historia circular de violencia y también citas directas del personal de la Subsecretaría de Niñez, Familia y Adolescencia de Bahía Blanca, ciudad donde residía “la familia” y transcurrió el hecho noticiable. A lo largo de la nota, se enfatiza la ausencia  de actuación judicial, destacada en varias oportunidades: “Nadie la escuchó”, “El padre aún no tiene orden de detención”, “Y a la Justicia le tengo que llevar a mi hija lastimada para que le quiten las visitas al padre”.
Un día después, en los periódicos la cara de una nueva víctima, María Elizabeth Elías, quien terminó internada luego de ser golpeada y picaneada durante cuatro horas consecutivas por su ex novio. La nota de Página/12 al respecto (“Violencia de Género en su grado más perverso”) no sólo tituló haciendo alusión a la “violencia de género”, categoría  de máxima pertinencia para nuclear estos acontecimientos, sino también sistematizando de algún modo este caso en una secuencia de tantos otros que suceden cotidianamente. Incluso, se recuerda hacia el final de la nota, el caso de Bahía Blanca y el femicidio en San Juan, los tres acaecidos y resonantes en la misma semana. Sin embargo, se hace una breve insinuación en los últimos dos párrafos, a las organismos estructurales que deben, no sólo sancionar las situaciones de violencia de género y proveerse de las condiciones necesarias para atenderlas en su estado de emergencia, sino también, y fundamentalmente, prevenirlas. Para ello, se vale del testimonio de Fabia Túñez, militante de la ONG, La Casa del Encuentro.  
Dicha organización, registró sólo en el año 2011, 282 femicidios, manifestación extrema de la violencia de género, y en los medios ya son usuales las notas que describen mujeres agónicas en  salas de terapia intensiva a lo largo y ancho del país, tras sobrevivir episodios de maltrato físico o confusos “juegos con alcohol o nafta”.  Lo que es urgente resaltar dentro del relato periodístico y en la realidad empírica, es la dimensión social y cultural de la violencia de género, y por tanto la responsabilidad de las dependencias públicas. El concepto de feminicidio que introduce Rita Laura Segato (“Qué es un feminicidio. Notas para un debate emergente”) circunscribe los femicidios en su conjunto como crímenes del patriarcado, habla de “círculos concéntricos formados por una variedad de agresiones al cuerpo femenino”, complejiza la mirada normalizada de los medios de comunicación y cruza la variable socio-histórica con la que carga cada femicidio en particular. Se plantea un componente intrínseco de “lo público” en estas violencias.  Pareciera que la situación de las mujeres tiene que ser límite para que las instituciones del estado se hagan eco, asuman su incumbencia en el marco de las políticas públicas y relean la violencia machista como un asunto político.  





miércoles, 15 de agosto de 2012

VIOLENCIA MACHISTA MEDIATIZADA: LAS CRÓNICAS DESESPERADAS DE NATALIA Y ELIZABETH


*Por María Belén Rosales, Observatorio de Comunicación y Género (FPyCS)

Desesperación, impotencia, terror. Estos fueron los rasgos de las expresiones vertidas por Natalia Riquelme frente a las cámaras de televisión mientras relataba el largo calvario que significó estar sometida a  las permanentes  agresiones físicas y psicológicas propiciadas por su ex pareja Julián Bilbao. “No puedo salir a comprar, no puedo ir a la plaza con la nena ni tener amigos”, explicaba con lágrimas en los ojos.
Diecisiete veces la mujer radicó la denuncia ante la justicia en Bahía Blanca. La humillación ante la inacción y la inoperancia de los funcionarios, agentes policiales  y judiciales ante los pedidos desesperados fue el impulso que la motorizó a expresarse públicamente, a  hablarle ante la sociedad haciendo visible su caso en la pantalla chica.
En la última visita que Natalia realizó a Bilbao, su  hermano se había decidido a filmar la escena, predispuesto a registrar lo que luego se convirtió en una prueba contundente ante la cual la opinión pública y los medios de comunicación se movilizaron: el video muestra  a Natalia y a su hija Milagros, de 5 años, acercándose a la reja de su casa. Del otro lado espera Bilbao. Natalia y su ex pareja intercambian algunas palabras hasta que  el hombre empieza a pegarle a la mujer en la cabeza . Natalia cae al piso. La nena mira la escena. La filmación se corta porque quienes buscan agarrar “in fraganti” a Bilbao corren a ayudar a Natalia.
Ayer, apenas se difundió el video por las redes sociales y los canales de noticias, el intendente Gustavo Bevilacqua, la senadora Diana Larraburu, dos legisladores y funcionarios del gobierno local la visitaron en su casa para ofrecerle abogados y psicólogos para tratar el caso. Natalia los esperó con las copias de las 17 denuncias sobre la mesa. Desde hace más de dos años, pide ayuda en la Comisaría de la Mujer y en el Tribunal de Familia, pero nadie la escuchó . En lo que va del año, denunció tres veces a Bilbao. La última fue hace un mes, también por agresiones.
El mismo día, casi en simultáneo, otra mujer llamada María Elizabeth Elías (31) enviaba a su familia un mensaje de texto para explicar por qué no llegaría al almuerzo por su propio cumpleaños: “Mauro me cagó a palos y estoy internada.”
Tras retenerla en su casa, pegarle y picanearla durante cuatro horas, Mauro Sawko, el hombre que había sido su novio durante tres años y de quien se encontraba separada hacía un mes le revisó el teléfono celular. “La chica no sabe qué vio exactamente su ex novio en el celular, si fue una foto, un mensaje o algún contacto, pero allí comenzaron los golpes”, explicaron fuentes judiciales. Sawko no sólo le pegó cachetazos y golpes de puño, la pateó, la tomó del pelo para arrastrarla por la cocina y la arrojó sobre un desayunador. Elías contó que también, “ya indefensa y tirada boca arriba en el piso, su ex novio se puso a saltar arriba de sus pechos y su abdomen. Ahí creen los médicos que se produjo la hemorragia interna en el bazo”, agregaron los voceros judiciales.
Tras la golpiza Sawko la había dejado en la puerta del Sanatorio Profesor Itoiz, en Avellaneda. Antes de irse, le había pedido que por favor no lo denunciara. La golpiza dejó a Elías con “traumatismos y escoriaciones en el torso y las extremidades”; apenas ingresada al centro médico, debió ser operada por las lesiones en el bazo.
Dos casos mediatizados que muestran la cara del dolor, la extrema vulnerabilidad de las mujeres denunciantes, la deslegitimación de su palabra por parte de las instituciones y funcionarios que debieran garantizar su integridad física y su libertad. Una, internada en grave estado, la otra recluida en su hogar con temor de vida, esperan agónicamente como tantas otras una respuesta, una medida, un atisbo de voluntad que las ayude a transitar una vida libre de violencia y de miedo. La justicia ante la urgencia del horror, camina lento y reacciona sólo cuando ya es demasiado tarde.  Justo, en el momento en que los medios vuelven sobre las crónicas que anuncian que hay “una víctima más” de la violencia machista.

jueves, 9 de agosto de 2012

TINELLI Y LOS MITOS SOCIALES


Esta semana mucha tinta ha corrido en las paginas de los medios con un tema que alcanzo a dividir a la opinión publica. Uno de los protagonistas Tinelli, hizo pública la relación que mantiene con Guillermina Valdez, ex mujer de quien fuera socio de este en algunos proyectos de televisión.
Muy lejos, olvidado y enterrado en la cultura queda el hecho que los griegos, en especial los espartanos mantenían rastros de la conyugalidad primitiva y compartían con el amigo su mujer. Según Engel: “El hombre a quien convenía mas la mujer del amigo podía participar de ella con este. Y se encontraba muy decente poner a  la mujer a la disposición de un “buen semental”, aun cuando este no fuese ciudadano libre”[1]
Viéndolo en perspectiva critica y de género como lo que se trata de llevar adelante desde el observatorio lo que esta en juego es la pertenencia de un cuerpo objeto de una mujer a un hombre. Este a pesar de haber de dejado de pertenecer a Ortega, aun tiene que seguir atado a ciertas normas sociales. No tiene el cuerpo de esta mujer la libertad o el derecho a elegir de hacer con este lo que ella quiera.
Se cuestiona en todos lados la falta de código de Tinelli y lo que se invisibiliza es el sesgo machista de la cuestión con relación a la transgresión de normas sociales. Esta causa como esta a la vista encuentra adeptos rápidos para críticas en hombres y mujeres que se sienten amenazados por esto de romper las reglas de juego en la sociedad.  
Los medios no hacen hincapié en que son dos personas adultas y mayores de edad que decidieron compartir momentos juntos. Como tampoco eso esta presente en los oyentes de las radios, los amigos de cada uno de los protagonistas o de los forista en los diarios on line..
El tema de que cada persona independientemente del genero que posea goza de libertad para elegir a su compañero/a es una cuestión que no esta del todo aceptado en la sociedad patriarcal y machista de hoy en día. 

Aranda, Carina


[1] Engel, Friedrich: “El origen de la familia, la propiedad privada y del estado”. Editorial Claridad S.A. 1993, 2007.

viernes, 29 de junio de 2012

Liberaron a Romina Tejerina


“Comeniños” la marcaron en la cárcel, donde permaneció cautiva del 2002 hasta la fecha, por  apuñalar a su beba que fue producto de una violación. En aquel momento, la fiscal Liliana Fernández de Montiel, aseveró que no había pruebas para certificar que Milagros Socorro fuese hija del violador, y objetó el móvil relacionado a un trauma emocional. A los 29 años, Romina Tejerina quedó en libertad condicional tras cumplir dos tercios de su condena penal, pero sigue pagando la recriminación social y mediática.
                La vida de Romina fue anudando mandatos del orden cultural previstos para el género femenino, y de especial exaltación en sociedades cerradas del norte del país. Su padre boicoteaba las salidas nocturnas junto a sus hermanas por el riesgo de que vuelvan embarazadas, y soportar  “el qué dirán” de los vecinos.  El habitus patriarcal expresado fidedigno en los desplantes familiares, aparece como un antecedente inevitable a la hora de poner en contexto el acto desesperado  que arremetió la chica contra su propia descendencia.
                La asociación casi inmediata de la mujer callejera, pública, y sexuada con el formato de la prostituta, en oposición al modelo de mujer doméstica, buena madre, histérica, frígida, no son estereotipos obsoletos. La causa que condenó, el 10 de junio de 2005, a Romina Tejerina a 14 años de prisión, bajo la tipificación de “homicidio calificado por el vínculo”, fue un claro ejemplo de la fuerza y actualidad de estos imaginarios vertebrales “de lo social”.
                El violador de Romina, sufrió tan sólo 23 días de prisión hasta que el juicio por su delito fue sobreseído. Nunca fue hilvanado el abuso sexual con el posterior homicidio. La “psicosis aguda” como consecuencia subjetiva del acto de violación, no constituía una explicación comprobable para los magistrados, ni se tradujo en un velo de consideración para la primera víctima de la historia. Incluso, varios medios de comunicación, cubrieron el hecho privilegiando una parte del relato periodístico a las declaraciones del hombre tendientes a sumir y desdibujar la violación en  el marco de una supuesta relación sentimental trascurrida aquel año.
                Finalmente, los jueces Héctor Carillo, Antonio Llermanos, y Alfredo José Frías, atenuaron la pena de la joven norteña  teniendo en cuenta algunos aspectos genealógicos como la infancia condicionada por la violencia, tanto física como simbólica, por parte de sus progenitores, la falta de recursos económicos para solucionar la crianza de su hija, la ausencia de una figura paterna.
                Ana María Fernández, sostiene críticamente que la madre es el paradigma de la mujer.   El rol de reproductoras de la vida que fue asignado, ya sea por las ciencias médicas, las religiones, los usos y costumbres, constituye toda una definición de la identidad femenina. Infringir estatutos de verdad, conductas deseables, expectativas, significa una mayor o menor reprobación del entorno, según el nivel de cuestionamiento y ruptura.  Romina encarna, la figura de la anti-madre, por el asesinato cometido en sí mismo como por el ensañamiento en el método.  En este sentido, la libertad de Romina, reclamo inclaudicable del movimiento de mujeres desde los albores del proceso judicial, representa menos un motivo de alegría que un ejemplo  del alcance material y la vigencia del machismo recalcitrante en el seno de las formaciones sociales tradicionales. 


Actis, María Florencia 





jueves, 21 de junio de 2012

Avances y acuerdos de la Red de Observatorios de medios, comunicación y género


El Centro de Comunicación y Género desarrolló el “Encuentro de Observatorios de medios” en el marco del “III Congreso internacional de comunicación, géneros y sexualidades. Debates actuales en torno a la política, la teoría y la acción”, el día 15 de junio en Facultad de Periodismo y Comunicación Social, Universidad Nacional de La Plata, donde quedó efectivamente creada la Red de Observatorios en Comunicación y Género.

El motivo de esta reunión apuntó a generar un espacio de intercambio de experiencias y saberes entre espacios académicos, gubernamentales y de organizaciones de la sociedad civil que desarrollan actividades vinculadas al monitoreo de medios y producción de conocimiento en el campo de la comunicación y el género.

En esta línea la propuesta apuntó a visibilizar las producciones, informes, materiales, publicaciones, estudios e investigaciones así como también socializar las metodologías desarrolladas y los resultados obtenidos.

La creación y consolidación de esta red de observatorios está orientada, asimismo, a potenciar y hacer sinergias entre los espacios de trabajo a fin de ampliar nuestras estrategias comunicacionales para lograr una mayor incidencia y llegada a los ámbitos de toma de decisiones.

Observatorios que conforman la Red de Observatorios en Comunicación y Género y sus representantes:

Gubernamentales:

-Observatorio de la Discriminación en Radio y Televisión (AFSCA)

-Observatorio de Violencia de Género (OVG)de la Defensoría del Pueblo de la provincia de Buenos Aires, Laurana Malacalza, Carolina Racak e Irma Colanzi.

-Observatorio de Equidad de Género de la Dirección General de la Mujer del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Teresa Nóbili.

Asociaciones civiles:

-Observatorio "Las mujeres en los medios" del Equipo latinoamericano de justicia y género, Mariana Morelli.

-Observatorio de la Asociación Civil Comunicación para la Igualdad, Sandra Chaher.

-Observatorio de Femicidios en Argentina “Adriana Marisel Zambrano”, Fabiana Tuñez.

Universitarios:

-Observatorio de Medios, Escuela de Ciencias de la Información de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), Paula Morales.

-Observatorio del Área de Género y Diversidad Sexual/Núcleo de Estudios Socioculturales (NES)/Facultad de Trabajo Social (FTS)/UNLP, Néstor Artiñano.

-Observatorio de Violencia de Género en Publicidades Televisivas de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQUi), Guillermo De Martinelli.

-Observatorio de medios y género de la Facultad de Comunicación Social de la UBA, Daniela Bruno.

-Observatorio de Comunicación y género de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social (UNLP), Ma. Belén Rosales.

-Observatorio de Comunicación Género y Diversidad con perspectiva en DDHH de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social (UNLP), Claudia Vázquez Haro.

-Observatorio de Jóvenes, Medios y Comunicación de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social (UNLP), Tomás Viviani.

-Observatorio de Salud de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social (UNLP), Viviana Villa.

Acuerdos realizados en el marco de la conformación de la Red de Observatorios:


·          Todos los observatorios que forman parte de la Red analizan de qué modo se apropian o no los distintos medios de comunicación (diarios, radio, tv e internet) de una perspectiva de género y derechos humanos a la hora de informar y/o publicitar sobre cuestiones vinculadas a la problemática de género.

·         Se plantea como necesario/deseable ir más allá del monitoreo y análisis tanto cuantitativo como cualitativo de los discursos mediáticos y profundizar en el estudio e indagación de los procesos de recepción de los contenidos que difunden los medios de comunicación en relación a estas temáticas y, especialmente, en lo que respecta a la violencia simbólica y la violencia mediática, para conocer de qué modo los públicos se apropian, reproducen o resignifican los sentidos que circulan en los medios.

·         Los observatorios en proceso de conformación se proponen profundizar en el monitoreo y análisis mediático de temas/problemas vinculados a líneas de investigación desarrolladas en centros, laboratorios y/o institutos dedicados a la temática de género y de derechos humanos.

·         Se destaca la necesidad de generar/desarrollar acciones destinadas a la profundización de estos estudios teniendo en cuenta el análisis del impacto que estos resultados tienen o podrían tener en el diseño, implementación y monitoreo de políticas públicas.

·         Tanto los Observatorios que tienen como objetivo el seguimiento y relevamiento de las noticias/publicidades que producen los medios de comunicación como aquellos que se dedican a monitorear políticas públicas se encuentran con dificultades para articular con instituciones y áreas de gobierno (municipal, provincial o nacional) a fin de generar actividades, jornadas, encuentros, campañas de concientización y/o capacitación dirigidos/as a efectores públicos como a la sociedad civil en general.

·         Se plantea la necesidad de intervenir en tiempo y forma desde los Observatorios ante el relevo de noticias que recaigan en prejuicios sexistas, formulaciones discursivas agraviantes, mecanismos de estigmatización de minorías (sexuales, etáreas, étnicas,etc),  formas de estereotipación de los géneros, etc. Por ejemplo, apelando al recurso jurídico del “derecho a réplica” con los medios de comunicación en cuestión.

·         Queda creada la página “Red de Observatorios” en la red social Facebok, que funcionará como plataforma virtual para mantener el diálogo y el intercambio on-line permanente entre los Observatorios que conforman la Red, a fin de intercambiar nociones y opiniones, difundir  producciones, informes, materiales, publicaciones, estudios e investigaciones así como también socializar información relativa a acciones y actividades que emprenderá la red durante el año en curso.